Usted Renuncia Constantemente a Sus Derechos Legales y Ni Siquiera Lo Sabe

arbitraje

“Ver lo que está frente a nuestra nariz requiere un esfuerzo constante”. Aunque la famosa frase del autor George Orwell se refiere a algo completamente diferente, el autor de 1984 bien podría estar hablando acerca de esas perversas cláusulas ocultas en los acuerdos que muchas personas nunca leen y que, sin embargo, firman sin detenerse.

¿Qué es lo que no estamos viendo? ¿Qué es lo que hemos aceptado sin darnos cuenta? Podría ser esto: nada menos que el robo sistemático de nuestro derecho para ir a la corte y obtener justicia en contra de las millonarias y poderosas corporaciones que nos agravian.

Esos supuestos acuerdos de arbitraje obligatorios, que por lo general se muestran como cláusulas en los contratos, les piden a las personas que recurran al arbitraje privado antes que los estrados judiciales. Son anunciados como formas más baratas y fáciles para resolver conflictos, pero el arbitraje a menudo favorece a las empresas, quienes a menudo contratan al mediador que supervisa los procedimientos. Aún peor, a diferencia de los jueces estatales y federales, quienes por lo general deben someterse a años de entrenamiento y experiencia para llegar a sus cargos, los mediadores privados ni siquiera tienen que ser abogados.

Aún más, estos acuerdos de arbitraje obligatorios a menudo pueden hacer que la gente se vea imposibilitada para entablar acciones colectivas, que a menudo son la única clase de demanda legal que realmente puede permitir a los individuos el aunar sus esfuerzos en números suficientes como para hacer que una gran corporación tenga que rendir cuentas.

Usted ya podría haber renunciado a sus derechos

En los años recientes, las cláusulas de arbitraje han infiltrado prácticamente todo. Cuando usted compra un producto, realiza un contrato telefónico, consigue un empleo, abre una cuenta bancaria, solicita una tarjeta de crédito, se muda a un asilo de ancianos, compra un carro, se somete a una intervención quirúrgica y muchos otros aspectos típicos de la vida moderna, usted a menudo acepta mantenerse fuera de los tribunales (y lo mismo aplica para la compañía negligente).

Las cláusulas de arbitraje generalizado pueden además tener un impacto en sus derechos civiles. Por ejemplo, cuando un alto ejecutivo de Goldman Sachs demanda en nombre de los banqueros alegando discriminación sexual y cuando los empleados afroamericanos de los restaurantes Taco Bell dicen que les están negando los ascensos, las cortes deben ignorar sus demandas porque están vinculadas a un acuerdo de arbitraje, de acuerdo con un reporte del New York Times.

“Siniestramente, los negocios tienen una buena probabilidad de salirse del sistema legal por completo y portarse mal sin recriminación”. – Juez federal William G. Young.

Esto es importante  porque: sin jueces y jurados imparciales, las víctimas de productos defectuosos, las malas prácticas empresariales, el acoso sexual, la discriminación, el cuidado negligente hacia los jubilados y la mala práctica médica quedan a los caprichos de un sistema que cada vez está más lejos de ofrecerles un alivio.

“Este es uno de los cambios más profundos de nuestra historia legal”, afirmó William G. Young, un juez federal en Boston designado por el presidente Ronald Reagan, en una entrevista con el New York Times. “Siniestramente, los negocios tienen una buena probabilidad de salirse del Sistema legal por completo y portarse mal sin recriminación”.

Cuando todas las partes se someten al arbitraje y están listas para ser escuchadas en igualdad de condiciones, eso puede ser una forma viable de resolver disputas, pero con demasiada frecuencia ese no es el caso en absoluto. Usualmente, es una parte la que aparentemente tiene todo el poder de negociación y lo impone sobre la voluntad del otro.

En este artículo, usted aprenderá más sobre la privatización progresiva del sistema legal — una transición que se basa en el hecho de que los procedimientos destinados inicialmente para resolver las controversias entre las empresas, y que se suponía no eran procedimientos en los que una de las partes, como una persona individual, estaba obligada a participar.

Una mirada rápida a las diferencias entre las cortes y el arbitraje

De cierta manera, parece que el sistema judicial tradicional y los procesos de arbitraje son similares: un denunciante presenta una queja contra un demandado y cada una de las partes presenta la evidencia antes de que, idealmente, con una sentencia se decida, finalmente y sin lugar a dudas, cómo se soluciona la disputa.

El arbitraje es a menudo anunciado como una solución más económica y rápida para las partes en disputa, lo cual, dada la similitud de los procedimientos, puede resultar atractivo para un individuo, sin mencionar a la empresa, que trata de reducir sus costos legales.

Digamos que usted ha firmado previamente un contrato de alguna clase (o ha hecho clic en “acepto” al registrarse por una cuenta o hacer una descarga), y está en posición de presentar una reclamación en contra de una empresa. Usted tendrá que someterse a un arbitraje, pero ¿cuál es el gran problema? Después de todo, es semejante a ir a los tribunales, pero, aparentemente, sin las molestias. ¿Verdad?, ¿verdad?

Sin embargo, hay unas diferencias clave que son imposibles de ignorar.

El sistema judicial es una institución tradicional con calificaciones y estándares profesionales para presentar la evidencia y llamar a testificar a los testigos, así como un protocolo para la administración de casos, entre otras cosas. Las decisiones emitidas en un tribunal inferior por un juez o jurado pueden ser impugnadas y apeladas en las altas cortes de un Estado o en la Corte Suprema de los Estados Unidos. El juez y el jurado por lo general son investigadores de los hechos, y usualmente cuando un juez o jurado tiene vínculos a uno asunto que llegue a su conocimiento, se rehúsa o es destituido para evitar conflicto de intereses. Es un sistema maduro, tradicional y bien desarrollado en el que en la mayoría de los casos sirve a los individuos, grupos y empresas por igual.

Contraste esto con el arbitraje, que por lo general es un procedimiento privado, presidido por una organización de arbitraje (algunas de estas con ánimo de lucro) y son contratadas por una de las partes de la disputa. (Si ambas partes no están cubriendo el costo del arbitraje, por lo general es la empresa que está siendo demanda, y no el individuo forzado eficazmente en el proceso de arbitraje, el cliente del mediador). En algunos casos, los procedimientos incluso se llevan a cabo en las oficinas o despachos legales que representan al demandado. A menudo, el cliente del mediador es la corporación en contra de la cual se ha entablado la reclamación.

A diferencia del sistema judicial, el arbitraje no tiene un camino sencillo para apelar la decisión.

Por lo menos en los Estados Unidos, el arbitraje como una solución de controversia alternativa a las cortes se remonta a cientos de años. Ha sido usado ampliamente para solucionar las controversias entre negocios. Las naciones, además, confían en un mediador para resolver los conflictos.

En 1925, cuando la Ley Federal de Arbitraje fue aprobada, siendo la primera ley federal en regir los procedimientos alternativos de resolución de disputas, se entendió que aplicaba al campo de los negocios. No fue sino hasta mediados de 1980 que la Corte Suprema de los Estados Unidos empezó a ampliar el campo para cubrir un espectro más amplio de disputas entre las corporaciones, sus empleados y los clientes, de acuerdo con el New York Times.

En la actualidad, si un cliente o un empleado desea llevar a una empresa frente a los tribunales, pero está vinculado a la cláusula de arbitraje obligatoria, el camino suele verse así:

Las partes procuran los servicios de un mediador profesional, quien trabaja para una organización de arbitraje como la organización con ánimo de lucro JAMS, o la asociación sin ánimo de lucro: American Arbitration Association (la asociación estadounidense de arbitraje). Dichos mediadores actúan como un juez, y en ocasiones se trata de un juez jubilado, aunque también puede tratarse de un abogado, o incluso alguien sin ninguna clase de formación legal, pero que quizás cuenta con experiencia en el tema.

Factores tales como la selección de mediadores, dónde se llevarán a cabo los procedimientos, quién pagará los gastos de los abogados y si el resultado de los procedimientos se mantendrá confidencial, pueden ser determinados en el acuerdo de arbitraje que usted pudo haber firmado sin darse cuenta. El honorario del mediador suele ser generalmente determinado por el valor de la disputa.

A diferencia del sistema judicial, no hay procesos de apelación manifiestos. Si un proceso de arbitraje dice que la decisión del mediador es vinculante, entonces probablemente usted esté atrapado.

Puede que el público nunca se entere que una corporación fue demandada por ofrecer productos peligrosos, un empleador por acoso sexual o prejuicios raciales sistemáticos, o un doctor por negligencia médica, a causa del secreto, a diferencia de los procedimientos civiles y públicos que se llevan a cabo en las cortes. Eso, en caso de que usted gane, claro está.

Por otra parte, la cantidad de dinero que usted puede obtener, o el tipo de justicia que se imponga, podrá ser silenciado si usted gana, pero hay una enorme probabilidad de que usted no podrá ganar. Además de todo, los mediadores a menudo son pagados por las corporaciones y por este motivo son sus clientes. ¿Cuál es el incentivo para un mediador de fallar en contra de un cliente que puede ofrecerle la continuidad del negocio?

Un arbitraje para toda la vida: desde la unidad de recién nacidos al asilo de ancianos, e incluso al cementerio

A comienzos de la década del 2000, los abogados de Wall Street fueron los pioneros de una forma para obligar a los individuos al arbitraje y les hicieron renunciar a sus derechos a las acciones colectivas en una sinnúmero de reclamaciones en contra de los bancos y otras organizaciones del sector financiero, de acuerdo con el NY Times.

Desde entonces, gracias a las decisiones de la Suprema Corte de los Estados Unidos en el 2011 y el 2013, el alcance se ha ido ampliando.

Las escuelas privadas, las funerarias, los asilos de ancianos, los consultorios de los médicos y los hospitales, así como los empresarios, han utilizado cláusulas para protegerse contra las revelaciones de los tribunales en una gran variedad de disputas, de acuerdo al New York Times. En el mundo de los bienes del consumidor, esto puede simplemente ser una forma de abrir una caja que le obliga a llevar su reclamación individualmente en un foro que no le permitirá una igualdad de condiciones contra una enorme y financieramente poderosa corporación.

Además de causarle dolores de cabeza a los consumidores que están sobrecargados de tarifas abusivas y sin explicación, así como las prácticas empresariales de sus bancos, proveedores de telefonía y de televisión por cable, la epidemia del arbitraje también se extiende a asuntos de vida o muerte, como el cuidado de su familia.

“Los médicos en los asilos de ancianos podrían no atender a un paciente con graves úlceras por estar en la cama y que requiere atención inmediata, hasta que su tutor acepte el arbitraje.”

En uno de estos casos, un abogado, que fue el tutor legal de una mujer de 90 años con demencia, quedó estupefacto cuando recibió un fax del asilo de ancianos en Illinois donde ella vivía: los médicos en el asilo se rehusaban a tratar sus úlceras por estar en la cama, las cuales requerían de atención inmediata, a menos que el abogado aceptara su arbitraje, de acuerdo con el NY Times.

Otro ejemplo que el Times proporcionó involucraba a un consultorio gineco-obstetra en el área de Tampa que requiere que sus pacientes renuncien a su derecho de llevar a los médicos a los tribunales si el parto natural, en una cesárea fallida, llegase a ocurrir. Además, de acuerdo con el Times, en el Cementerio Evergreen en Chicago, las familias técnicamente están de acuerdo con el arbitraje cuando entierran allí a sus seres queridos.

¿Pero qué hay de los bancos? ¿No se le debería permitir a la gente unirse en una acción colectiva para hacer frente a lo que parecen ser unas prácticas empresariales nefastas y extendidas, como unas tasas sospechosas que proporcionan miles de millones al año, o el enorme escándalo en Wells Fargo en el que empleados involucrados abrieron dos millones de cuentas falsas a nombre de sus clientes?

En el caso de Wells Fargo, los acuerdos de arbitraje que los titulares de las cuentas firmaron al abrir sus cuentas legítimas les pudo haber prohibido el hacer frente al banco en las cortes a nivel colectivo o individual. Esto en tanto que cualquier persona que abrió una cuenta con el banco estaba aceptando un acuerdo de arbitraje “excesivamente amplio”, de acuerdo con Michael Hiltzik de Los Angeles Times.

Cuando los titulares de las cuentas trataron de llevar a Wells Fargo a los tribunales por estas cuentas falsas (que los empleados habían creado falsificando sus firmas para cumplir con sus cuotas), las cortes tuvieron que descartar dichas solicitudes. El banco argumentó que a pesar de que las cuentas eran falsas, se habían extraído de cuentas legítimas que las víctimas habían abierto, “en las que habían acordado someterse a cualquier disputa futura con el banco a través de un mediador,” de acuerdo a lo escrito por Hiltzik.

A pesar de que el banco tuvo que pagar $185 millones en multas a oficiales en Los Ángeles y a los gobiernos federales, eso pudo haberse visto como una exclusión de los miles y miles de clientes de Wells Fargo cuyas vidas fueron negativamente afectadas a causa de las cuentas falsas a su nombre.

¿Cómo salimos de este desastre?

Es fácil sentir que no hay nada que podamos hacer acerca de esto, pero ese no es el caso. Usted tiene algo de poder en esta situación, y siempre hay legisladores buscando una forma para luchar contra estos acuerdos de arbitraje obligatorios.

Los consumidores se rehúsan a quedar atascados en el arbitraje a nivel financiero o que los contactos de telefonía móvil puedan comparar los precios en empresas que no los usan. Los bancos de tamaño intermedio y las cooperativas de crédito están más propensas a no obligar al arbitraje, de acuerdo a Consumer Reports.

Por otra parte, usted puede intentar renunciar. Algunos acuerdos permiten un periodo de gracia en el que usted puede renunciar al arbitraje, pero se suele hacer un gran trabajo para intentar esconder dicho hecho. Puede resultar trabajoso el tratar de evadir la jerga legal de los acuerdos del consumidor, pero merece la pena si usted tiene la oportunidad de renunciar al arbitraje.

También puede intentar hacer que su voz sea escuchada. Considere el caso de General Mills, en el que los consumidores se enteraron que se les estaba obligando a un arbitraje obligatorio solamente por descargar cupones o participar en un sorteo patrocinado por una empresa, lo cual desató un escándalo y General Mills terminó cambiando el rumbo.

Existe la oportunidad de, al menos, intentar combatir estas cláusulas de arbitraje obligatorias a un nivel legislativo.

Por ejemplo, los Senadores de Estados Unidos: Kirsten Gillibrand, D-NY y Kamala Harris, D-Calif., junto a Cheri Bustos, D-Ill., han presentado un proyecto de ley que podría eliminar las cláusulas de arbitraje obligatorias en los contratos de trabajo.

Los legisladores dicen que el arbitraje forzado, y el silencio que conlleva, han hecho más difícil a las mujeres el luchar contra el acoso sexual y la discriminación por motivos de género en el lugar de trabajo, un hecho que ha salido a la luz en meses recientes. Si tomamos en cuenta que hasta un 56 por ciento de los trabajadores estadounidenses se someten al arbitraje obligatorio, de acuerdo al Instituto de Políticas Económicas, esta clase de legislación puede producir un gran impacto.

En el lado financiero del espectro también ha habido actividad. La Oficina de Protección Financiera del Consumidor emitió una norma que prohibía a las empresas obligar a las personas a renunciar a su derecho a las acciones colectivas en negociaciones financieras turbias. No obstante, el Congreso y el presidente Donald Trump anularon esto en octubre, eliminando lo que fue un método efectivo para hacer responsables a las grandes empresas.

Aún así, en el futuro es posible que el público presione a los legisladores, para que las entidades reguladoras puedan volver a examinar esta regla, resucitando una herramienta que los consumidores pueden utilizar para que cualquier consumidor explotado por las empresas de tarjetas de crédito, los bancos y otras instituciones financieras puedan obtener justicia.

También hay una actividad en los gobiernos de ciertos Estados, más específicamente en California. Impulsados por la anulación del CFPB, los legisladores del Golden State están yendo en contra de las cláusulas de arbitraje obligatorias en un intento por proteger a los consumidores, empleados y a cualquiera que haya sido obligado a renunciar a su derecho a demandar. El éxito de esto todavía está por verse, pero California a menudo lidera el camino cuando se trata de políticas.

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