Día de Acción de Gracias: Tres historias de oportunidad y éxito

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Origen del día de Acción de Gracias

Por estas fechas, en 1621, los peregrinos que llegaron a este lado del mundo desde Gran Bretaña celebraron el éxito de su primera cosecha de maíz en tierras americanas. Aquella cosecha sólo fue posible gracias al gran aporte de los pobladores originarios, quienes les enseñaron a los recién llegados que la mejor manera de fertilizar su suelo era utilizando anguilas pescadas en sus costas, a manera de abono. Como reconocimiento a este logro conjunto, colonos y nativos compartieron aquel día un gran banquete, el mismo que conmemoramos todos los años en los Estados Unidos el día de Acción de Gracias.

Esa misma historia se repite todos los días. Muchos de los que recién llegamos a este país nos inspiramos por los logros de quienes estuvieron aquí primero, y así, combinando lo que aprendemos aquí con los valores culturales de nuestra tierra natal, construimos nuestras propias historias de éxito que inspirarán a los que lleguen en el futuro, manteniendo vivo eso que llamamos el “Sueño Americano.” Por eso hoy, celebrando el Día de Acción de Gracias, queremos compartir tres historias de hispanos que, como los peregrinos y como nosotros, llegaron a este país con sueños de una vida mejor y que gracias a su esfuerzo y a las oportunidades que esta tierra nos brinda, lograron grandes cosas.

Familia Capó – Tradición de trabajo y sacrificio

En 1966, en medio la dura travesía desde costas cubanas hacia el exilio a bordo del bote “El Dorado”, don Manuel Capó, experimentado ebanista, conversaba con sus hijos sobre sus planes: llegarían a la Florida, trabajarían sin descanso, y empezarían un negocio de muebles, haciendo uso del conocimiento traído de Cuba.

Al llegar, don Manuel mantuvo aquel sueño y visión: “Ya nos jugamos la vida en el mar, que era lo más difícil. Podemos lograrlo aquí” les inculcaba a sus herederos. “Aquí, en este país, hay oportunidad. Si nosotros trabajamos firmemente, seriamente, aquí nosotros podemos triunfar.”

Al principio no fue nada fácil. Como toda familia inmigrante, los Capó tuvieron que aprender el idioma y adaptarse al nuevo país rápidamente. Pero pronto recibirían una oportunidad que daría un giro a sus vidas: tras poner en orden sus papeles migratorios, alguien les aconsejó aplicar para un préstamo del gobierno federal para la promoción de pequeñas empresas. Así lo hicieron, y para sorpresa de muchos, les fue otorgado un crédito federal por $10,000 dólares. Ya contaban con el capital. Era momento de llevar su sueño a la práctica.

Con aquel impulso, fundaron la mueblería “El Dorado”, bautizada en honor al bote gracias al cual llegaron a estas tierras. Trabajaron día y noche y poco a poco fueron adquiriendo prestigio, primero dentro de las comunidades de exiliados e inmigrantes, pero luego llegando también a otros sectores, compitiendo entre los más grandes y convirtiéndose en la actualidad, con sus 12 locales en la Florida, en la mueblería operada por hispanos más grande de los Estados Unidos.

Don Manuel ya no se encuentra entre nosotros, pero sus hijos y nietos continúan hoy con su legado. “Hemos hecho una combinación. Trajimos nuestra cultura inmigrante, pero la hemos adaptado al sistema de los Estados Unidos” señala uno de sus hijos Pedro Capó. “Seguimos siendo un negocio familiar. Se trata siempre de mantener a la familia unida, dentro del negocio”.

María Cano – La señora de las Arepas

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La señora Cano trabajaba como jueza en su natal Medellín, en Colombia. Sin embargo, ante lo difícil que resultaba ser el único soporte de sus cuatro hijos en su tierra, decidió emigrar a los Estados Unidos en busca de mejores horizontes.

Como todo inmigrante, sus primeros años en este país no fueron nada fáciles. Las dificultades con el idioma y la falta de conexiones la obligaron a trabajar en cualquier cosa menos en su profesión. María, sin embargo, no se dejó desanimar, y con mucho esfuerzo logró abrir un modesto puesto callejero de Arepas en el barrio de Queens, en Nueva York.

En un inicio el negocio no caminaba a la velocidad que ella esperaba, pero poco a poco, a costa de esfuerzo y gracias su sazón personal, sus primeros clientes empezaron a correr la voz, popularizándola como la “Arepa Lady” o señora de las Arepas y ganándole un público fiel, venido incluso de otros vecindarios de la Gran Manzana, gracias a lo cual ella logró sacar adelante a su familia.

Cuando sus hijos crecieron, ellos decidieron apoyarla con el negocio trabajando a su lado. Juntos, gracias a su esfuerzo, lograron ahorrar suficiente dinero para abrir un restaurante, el cual bautizaron como “Arepa Lady” y el mismo que ella dirige el día de hoy, atendiendo a sus clientes de siempre y a los nuevos que se enteraron de su exquisita sazón colombiana. La historia de éxito de doña María fue tan famosa que llegó incluso a los periódicos de la ciudad. El puesto en la calle, sin embargo, aún existe, recordándonos que no importa qué tan lejos logremos llegar, es importante no olvidar dónde comenzamos y saber dar las gracias.

Rubén Blades – De la sala de mensajería a la Salsa con mensaje

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En 1974, un joven panameño con título de abogado y aspiraciones musicales llegó a la ciudad de Nueva York buscando hacerse parte de la explosión del género Salsa en la Gran Manzana. Se atrevió a llamar a la disquera latina más importante de aquella época, Fania Records, buscando una audición para formar parte del sello. Lamentablemente, en aquel momento la disquera tenía ya un catálogo bastante extenso y no se encontraba en búsqueda de más artistas.

Blades, sin embargo, supo darle la vuelta al asunto. Antes de colgar el teléfono, preguntó si tenían algún puesto de trabajo disponible en las oficinas de la compañía discográfica, el que fuese. La telefonista le dijo que lo único que estaban buscando por el momento era un mensajero que se encargara de llevar y traer correspondencia por un salario de $125 a la semana. Blades tomó el empleo, y mientras llevaba y traía cartas y documentos, entabló amistad con músicos, productores y ejecutivos discográficos.

Un par de años más tarde, el ya consagrado Willie Colón se quedó sin una voz principal para su orquesta, y recibió de otros músicos la sugerencia de audicionar al “muchacho de la correspondencia”. Tras escuchar su potente voz en la sala de mensajería y darse cuenta de su tremendo talento para escribir letras con mensaje, Colón le entregó el puesto a Blades, grabando juntos, poco después, la canción más exitosa de la historia del género salsa: “Pedro Navaja”, gracias a la cual Rubén aseguró una exitosa carrera en los Estados Unidos y un lugar privilegiado en el corazón de miles de hispanos alrededor del mundo.

Seamos agradecidos

Este país, si bien no es perfecto, aún nos ofrece muchas oportunidades para crecer y lograr una vida mejor para nuestra familia, y el haber llegado aquí es buen motivo para sentirnos afortunados. Las adversidades siempre estarán allí, pero con trabajo y esfuerzo podemos superarlas y lograr grandes cosas. Es fácil pensar en lo que nos hace falta, pero es importante, al menos una vez al año, valorar lo que sí tenemos, compartiendo en familia el día de Acción de Gracias de los Estados Unidos.

Para nosotros es también momento de dar las gracias. En abogados.com estamos muy agradecidos por la gran acogida con que hemos sido recibidos por parte de la familia hispana en los EE.UU. en estas primeras semanas. Es un verdadero privilegio para nosotros el poder trabajar por nuestra comunidad y defender a nuestros hermanos y hermanas en el ejercicio de sus derechos. De parte de todo el equipo de abogados.com les enviamos un saludo afectuoso, y le deseamos a usted y a su familia un feliz día de Acción de Gracias.

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